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Cómo incorporar las nuevas texturas y sabores a los más pequeños

21 abril 2016

A partir de los seis primeros meses de vida, los pequeños comienzan esa transición que va de la dieta exclusivamente láctea a la dieta variada, un paso determinante en el que no solo afecta la variedad sino también la distribución de los nutrientes. ¿Preparados para el nuevo reto? Toma nota de estos consejos:

Haz que se familiarice.

Puedes comenzar incorporando un par de cucharaditas de alimentos sólidos en forma de puré en una de las comidas. Si no las quiere no desesperes, pero permite que tome contacto con los aromas y las texturas.

Comienza por una comida sólida al día.

Pasa posteriormente a dos y a tres cuando el bebé tenga los ocho meses. Primero con purés, después introduciendo comida triturada y finalmente pequeños trocitos que puedan coger con las manos, masticar y tragar fácilmente, como fruta madura, pelada y sin semilla, pedacitos de pasta bien cocida, cubitos de queso fresco o verduras muy blanditas.

Un alimento nuevo cada cinco días.

Es importante introducir los alimentos uno a uno y dejar pasar un tiempo con el fin de poder detectar posibles alergias o intolerancias. Deja que se acomode a la novedad, observa cómo le sienta y ¡a por otro!

Distribuye los nutrientes con acierto.

Una vez el pequeño esté familiarizado con la nueva dieta y tome alimentos sólidos tres veces al día, comienza a prestar atención a la distribución de nutrientes. No te preocupes, que no se trata de física cuántica. Solo de procurar que tome alimentos de los distintos grupos a lo largo del día.

No le fuerces, no sobornes.

En esta fase del crecimiento el bebé debe comenzar a controlar su apetito y capacidad de saciarse. Si no quiere más, es mejor no obligarle a que apure el plato, o acabará por ver la comida como un castigo. Por el contrario, tampoco premies al pequeño con la comida.

Cocina rico.

Importante. Los niños no son tontos. Como a ti, a él le gusta una comida casera preparada con cariño, alimentos frescos y buenos sabores. No le aburras con la misma crema todos los días porque, como cualquiera, acabará por cogerle manía.

Deja que experimente.

La comida no es un juego, vale, pero para el pequeño es una nueva experiencia que determinará su manera de enfrentarse a ella el resto de su vida. Deja que toque, prueba con diferentes texturas, sabores, que triture el alimento con la cuchara sobre el plato ―cuando esté preparado― o pruebe algo que estén comiendo “los mayores”.

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